Manos (de mujeres) a la obra.
Rocío Benítez (25) 
Foto: Fernanda Santi

Ella es Rocío Benítez, vive en el barrio Altos de Vella Vista de Posadas, Misiones desde donde todos los días se dirige en moto hacia su trabajo en obra. 5 de sus 25 años son los que ya lleva invertidos en trabajar en la construcción, experiencia que con el tiempo la llevó a elegir qué rubro adoptaría para perfeccionarse.

Junto al equipo de la Revista Arquitecturas quisimos conocer su trabajo desde su relato personal y, a través de ella, visibilizar también la mano de obra que emplea a muchas mujeres en la construcción.

Rocío inició muy joven visitando obras con sus familiares que también trabajan en la construcción, muchas veces para no quedar sola en el barrio o ayudar a su padre la mejor opción era ir y cebar el mate o pasar algunas herramientas, actividad que la impulsó a observar con más detalle su día a día.

“Desde muy chica fui viendo como mis primos y mi papá trabajaban en la construcción…casi toda mi familia se dedica a esto. Yo empecé hace muchos años con mi papá iba a ayudar, pasaba los baldes con mezcla, ya que él a raíz de unos problemas de salud, necesitaba asistente. Más adelante arranqué a trabajar con unos amigos del barrio, uno de ellos, Luis Batista, un señor mucho más grande que yo que es un excelente amigo mío, fue quien me fue enseñando de a poquito todo lo que sé hacer ahora. Un día estaba sin mucho que hacer, ya que iba a la escuela por la mañana y la tarde tenía libre, entonces me invitaron a ir a una obra, aquella vez, la idea era ir a cebarles unos teres mientras ellos trabajaban, estaban masillando un cielorraso mientras yo observaba todo. Al final terminé colocando cornisas para ayudarles a “adelantar trabajo”. La verdad es que me vieron con ganas de hacer algo útil, me vieron entusiasmada, porque realmente se me veía en la cara.  Una vez que intenté, me di cuenta que podía hacerlo, me animé y me salió bien.

Hoy en día hago todo tipo de trabajos, desde preparar una mezcla y levantar un muro, hasta realizar trabajos más especializados como lo es la colocación de la estructura y emplacado de paneles de un cielorraso (placas de roca de yeso, superboard o pvc). Esta es mi especialidad, de igual manera, antes de llegar a las terminaciones en obra, yo hago excavaciones, “paso mezcla y ladrillos”, etc.

La única tarea que todavía no me estoy animando a hacer es la colocación de cerámicas, ya que es un trabajo sumamente delicado y detallado. Realizar los cortes de cerámica sí, siempre los hago y todavía puedo aprender. Este año tuve ganas de asistir a una capacitación, pero no se realizó por la pandemia, sé que hay empresas que dan capacitaciones en paneles, lo cual me parece muy útil e interesante para ir perfeccionándome, además de que suma en mi currículum a la hora de buscar trabajo, de igual manera mis compañeros, me van guiando, corrigiendo y enseñando cosas cuando me ven trabajar.

La verdad es que, hasta el momento, en todos los lugares en donde trabajé, siempre me sentí muy respetada y acompañada por mis empleadores y compañeros de trabajo. No siento diferencias a la hora de trabajar, hacemos todo a la par. No me dan trabajos más livianos por el hecho de ser mujer. 

Además de mi trabajo habitual, siempre que sale alguna “changa”, estoy dispuesta a hacerlo los fines de semana o los feriados. Hay mucha gente que me conoce y me va recomendando. Ya trabajé en muchas obras, siempre fueron muy buena gente conmigo. Tengo una amiga que juega al futbol conmigo, ella siempre me pregunta qué hago… tiene mucha curiosidad y ganas de aprender, así que la voy a llevar a trabajar en una nueva obra que me va a salir dentro de poco. La voy a llevar como ayudante, porque necesito a alguien que me alcance las cosas. Ella se anima así que voy a aprovechar esta oportunidad para que “arranque” en la obra.

Yo le aconsejo a las mujeres (que entrenan conmigo), a que tomen impulso y tengan confianza en sí mismas, que se animen porque se puede. Cuando empezás te vas dando cuenta de las habilidades que tenés, es todo cuestión de ir adquiriendo experiencia de a poco. El otro consejo que les doy siempre es que no se hagan tatuajes, encontré más diferencias a la hora de conseguir trabajo por el hecho de tenerlos que por ser mujer, el prejuicio en cuanto a la imagen, juega muy en contra siempre”. –comentaba Rocío.

“Si pienso en algún otro trabajo, no me imagino ningún otro. Levantar una bolsa de cemento para mí no es ningún problema, pero cuando tengo que barrer la casa, parece que me empieza a doler todo el cuerpo” (RISAS)

-Muchas veces me preguntan sobre si siento desventajas técnicas o en lo económico, no me detuve mucho a pensar en esto, ya que vivo el día a día…  pero me gustaría en algún momento empezar a enseñar a otras mujeres que tengan ganas de aprender el oficio, ya que siento que fui adquiriendo bastante experiencia en estos años y a muchas solo les falta motivación. Estaría muy bueno que se comiencen a dar más capacitaciones de obra a las mujeres.

Entre anécdotas y risas la miraba con admiración, no sólo por la decisión de participar y abrirse camino propio en el rubro sino por la voluntad de animar a otras, aprovechando el contexto que relata de que en Posadas al menos no sintió rechazo para conseguir trabajo, es bueno saber que entre mujeres construimos mucho más que obras.

A través de esta nota con Rocío, los invito a acompañar la sección Visibilizando-ando de esta revista en la cual iremos relatando la visión y misión de muchas mujeres en la actividad de la arquitectura y la construcción.

Arq. Fernanda Santi